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PLAYAS
Tipo de Playa: Grava Gruesa Duchas: No Aparcamiento: No Bar: No Bandera Azul: No Salvamento: No . Longitud: 400 m. Accesos: Peatonales Albuerne es una playa de cantos con algo de arena, encerrada por acantilados que superan los 50 m. de altura. El acceso a esta playa, perteneciente al Paisaje Protegido de la Costa Occidental, es difícil, siendo el mejor lugar para observarla la urbanización de Novellana.

Tipo de Playa: Grava Gruesa Duchas: No Aparcamiento: Si Bar: Si Bandera Azul: No Salvamento: Si . Longitud: 750 m. El río Cabo que desemboca en la margen occidental de la playa de Ballota sirve de límite entre el concejo de Valdés y el de Cudillero. La playa de Ballota, que pertenece al Paisaje Protegido de la Costa Occidental, se compone de cantos y areniscas feldespáticas.

Playa de Cueva Tipo de Playa: Gravilla Duchas: No Aparcamiento: No Bar: No Bandera Azul: No Salvamento: No

Tipo de Playa: Arena blanca y fina Duchas: Si Aparcamiento: Si Bar: Si Bandera Azul: No Salvamento: Si Longitud: 700 m. Playa de arena y cantos con una longitud de 700 m., que se encuentra localizada dentro del Paisaje Protegido de la Costa Occidental. Se trata de una playa muy frecuentada, de las más amplias, protegidas y limpias de Asturias.

Tipo de Playa: Gravilla Duchas: No Aparcamiento: No Bar: No Bandera Azul: No Salvamento: No Longitud: 700 m. Accesos: Peatonales. Desde el núcleo de Salamir se toma un camino rodado sin asfaltar, bordeado de pinares, que nos conduce hasta el alto del acantilado, que domina la extensa concha de Oleiros, refugiada al fondo de la ensenada del mismo nombre y dibujada entre la punta Mal Perro y la de Cavona. Es una playa que se encuentra dentro del Paisaje Protegido de la Costa Occidental.

Tipo de Playa: Arena blanca y fina Duchas: Si Aparcamiento: Si Bar: Si Bandera Azul: Si Salvamento: Si Acceso: Rodado. Es uno de los arenales más importantes, desde el punto de vista recreativo, del concejo de Cudillero. Esta playa perteneciente al Paisaje Protegido de la Costa Occidental, es una playa muy concurrida y próxima al núcleo de Soto de Luiña, donde existe una interesante iglesia vinculada con los vaqueiros de alzada.

Tipo de Playa: Arena blanca y fina Duchas: No Aparcamiento: No Bar: No Bandera Azul: No Salvamento: No Longitud: 900 m. Acceso: Peatonal Se puede acceder a esta alargada y estrecha playa desde Oviñana o desde Valdredo. Esta playa perteneciente al Paisaje Protegido de la Costa Occidental, es casi exclusivamente frecuentada por pescadores

Probablemente sea la playa más bella de todo el occidente, y aún a pesar de su belleza se conserva intacta a la presión turística. Espectaculares islotes de diferentes tamaños la cierran por sus márgenes. Próxima al pueblo de Castañeras, entre Soto de Luiña y Novellana e incluida dentro del Paisaje Protegido de la Costa Occidental. . Aquí no hay clima, sino muestras. Llueve fuerte. Escampa. Luce el sol. Todo ello en menos de una hora en un día de esta Semana Santa de 2004. Playa del Silencio, cuya ubicación la protege del bullicio. Playa del Silencio que acoge viajeros más que turistas. Adentrada muy cerca del nacimiento de la costa occidental de Asturias. Se diría que la montaña quiere invadir la arena, que la vegetación que en ella se encarama ambiciona cubrir la poca superficie arenosa que tiene a sus pies. El agua salada pela las rocas que en ella se adentran de cualquier verdor. Sin embargo, hay una pequeña roca, como montaña en miniatura, redondita, con formas para enfundarse un miriñaque que sí está cubierta de verde, gracias a que no siempre se hace isla en aguas poco profundas. Desde aquí, tras haber visitado la Concha de Artedo, tras haberse detenido en el Faro Vidío, el ruido y la furia se adivinan lejanos. Desde la playa del Silencio, se avistan barcos a lo lejos. Y estas playas cercanas a Cudillero son a las costas lo que los pequeños valles al conjunto de Asturias. Cuando Ortega nos visitó a principios del siglo XX, dejó escrito que somos al mismo tiempo cada valle y la suma de todos ellos. Cada una de estas playas, singularmente ésta que describimos, es una conmovedora metáfora de lo que es Asturias. Propende al aislamiento, emparedada pos sus acantilados que la estrechan. Es en esto que digo donde radica su principal encanto. Islotes de un archipiélago escarpado, donde el resto del mundo siempre queda lejos. Creo que aquí no hay lugar para el discurso político, no tienen cabida esos ecos intrusos que, sin embargo, lo invaden todo. No, la playa del Silencio nos espera. Ella es el guante y nosotros la mano cuando llegamos aquí en busca de la soledad tan necesaria para detener ritmos trepidantes, angustias que nos cercenan. Para atraer hacia nosotros el sueño que vamos arañando. Para oír en medio del oleaje la voz que venimos buscando y que nos rescata. Es el amparo perfecto para aquello que continuamente nos vemos impelidos a preservar. Y aquí, en esta playa, no hacen falta algodones para proteger la parte de nosotros mismos a la vez más valiosa y más frágil. En algún sitio escribió Cervantes que siempre es preferible el camino a la posada. Lo increíble del caso es que en esta playa encontramos lo más equidistante entre camino y posada. Se diría que nos detenemos en un lugar de la andadura donde el paisaje nos inunda de belleza y sosiego, donde nos encontramos a salvo de las contingencias cotidianas. No es parada y fonda la playa del Silencio. Es parada y refrigerio. Es alto en el camino. Es el paréntesis que se nos abre, como un islote sin antes ni después, como la isla que se conquista, según dejó escrito Pedro Salinas en uno de sus poemas más logrados. Desde la playa del Silencio, insisto, nos encontramos con una de las metáforas más perfectas que pueden definir el singular encantamiento de Asturias. Una playa pequeña que se esconde para acoger a los que se sienten fugitivos de la cotidianidad. Una playa pequeña con la que se topa todo aquel que consigue abrir un paréntesis en la lucha del día a día. Una playa pequeña que es un respiro para el peregrinaje por el occidente astur desde su vertiente costera tan nuestra. Desde la playa del silencio, en un momento en que el sol resplandece tras la lluvia, en uno de sus haces bajan temblorosos hacia nosotros estos otros versos de Blas de Otero: «Entonces a mí puedes/ venir, llegar, oh, pluma que deriva/ por los aires más solos:/ yo tenderé y tiraré hacia arriba,/ altos sueños, mis redes,/ para que eterna, si antes fugitiva,/ entre mis alas, no en mis brazos, quedes». Es el sueño que baja hacia nosotros. Volador y furtivo. Y que decide posarse en esta playa, sorda a lo que acontece fuera de ella. Receptiva al que la busca como refugio. Sus rocas se vuelven espejo del misántropo que hay en nosotros y al que muy frecuentemente necesitamos encontrar. Y liberar. Porque su hallazgo nos hace libres. Nos pone alas. Alas que encuentran su energía en estas olas. En estas olas de la playa del Silencio.

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